Archivo | agosto, 2012

La depresión desde dentro

5 ago

La depresión es un espiral que va hacia abajo y el problema reside en que no te das cuenta de que estás dentro de ella cuando ya estás por la mitad. Intentas subir por esa cuesta pero la maldita gravedad hace bien su trabajo y sigues precipitándote al final de la espiral.

Cuando ya estás abajo del todo y miras hacia arriba te das cuenta de que es muy difícil, sino imposible, volver a subir. Algunas veces lo intentas, pero vuelves a caer como si fuera un tobogán que sube hacia arriba. Para esto se requiere muchísima fuerza, voluntad y perseverancia. Pero ya estás harto/a de mantener las fuerzas, a veces, por raro que parezca, prefieres quedarte en ese agujero, tumbado/a en el suelo, cerrar los ojos y dormir, dormir para no ver cómo los días pasan. Y quieres evadirte y no quieres seguir en un mundo que no hace más que ponerte a prueba.

Sientes que no vales nada, porque no haces nada para sentirte especial, estás cansado/a y hasta las narices de tener que seguir por un camino que incluso, a veces, tú no has elegido. Tus familiares y amigos te gritan desde arriba pero están tan lejos y se les oye tan bajito… que entrecierras los ojos para poder verles, ya que el sol que hay arriba no te permite ver con claridad. Pero después de días tus familiares y amigos ya no se asoman al agujero para verte ni para llamarte pues tienen la voz desgarrada de tanto llamarte y que tú apenas les puedas escuchar. Te encoges más, te abrazas más fuertes las rodillas para sentir el calor de un cuerpo humano. Ya no te salen lágrimas pues parece que tu cuerpo las ha dejado de fabricar. No recuerdas el sonido de tu propia voz. No recuerdas el sonido de una carcajada. Los únicos sonidos que oyes provienen de tu garganta que parece ahogarse en esa espiral.

Sigues permaneciendo encerrado/a hasta que un día escuchas un nuevo sonido, que siempre estuvo ahí: tu corazón. Tu corazón durante todo este tiempo ha estado embravecido pues te ha gritado y chillado pero tú no has podido oírle. Tu corazón está roto por verte sufrir; no está roto por esa persona que tanto te dañó, no está roto por todos esos problemas que te asolan: está roto porque TÚ estás roto/a. No por nadie, ni por nada sino por ti. Y es entonces cuando miras por milésima vez hacia arriba, el sol vuelve a dañarte los ojos pero echas de menos su luz. Y es entonces cuando te preparas.

Quieres volver a subir, quieres ganarle la batalla a esa gravedad que te mantiene anclado/a en ese agujero. Te sientes más vivo/a que nunca pero OJO no será fácil: recuerda que la gravedad siempre te empujará hacia atrás, que cuando hayas subido 1,5 km caerás 500 metros. Pero ya has avanzado más que cuando empezaste. Las piernas te flojearán por subir por ese tobogán hacia arriba, pero ya no tienes miedo. No tienes miedo porque sabes que se acabará, sabes que otra vez volverás a ver el sol y que volverás a escuchar a tus verdaderos amigos y familiares. Y volverás a reír. Y volverás a cantar. La subida no es fácil, hay un atracción muy fuerte hacia el agujero que te intentará arrastrar. Muchos perecerán una y otra vez, pero lo que cuenta es volver a levantarse y volver a intentarlo. ¿Quién te ha dicho que tú no puedas? Algunas personas necesitan que les suelten una cuerda desde arriba para poder ayudarles y guiarles a subir la espiral, a subir ese tobogán. No te avergüences pues, ¿quién no necesita ayuda?

Y seguirás subiendo, poco a poco y volverás a caer para poder volver a subir. Nadie te va a ganar. Nadie te va a superar porque realmente tú puedes. Solo tienes que escuchar el sonido de tu corazón, solo tienes que COMPRENDER que tú no lloras por alguien o por algo, lloras por ti, tu corazón sufre por ti. Y cuando entiendas y comprendas esto, sabrás que ha llegado el momento de quererte, porque vales muchísimo y porque ha llegado el momento de ver el sol.

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 698 seguidores

- deal9 - cheaps2